La próxima pandemia podría empezar en el bosque: por qué la salud humana ya no se puede pensar en soledad
¿Y si la próxima pandemia ya no viene solo de un virus, sino del colapso combinado del medio ambiente, la salud animal y las tensiones sociales? Esa es la alarma que están lanzando los expertos en el Cumbre One Health, donde la convergencia de crisis está obligando a repensar por completo la global health security . Durante el encuentro, especialistas advirtieron que los sistemas actuales están fragmentados, mientras las amenazas se vuelven cada vez más complejas e interconectadas.
Anthony Chaumuzeau, secretario general de la cumbre, fue claro: ya no se puede tratar la salud humana como un aislado compartimento. Lo que sucede con los animales y el entorno natural tiene efectos directos y acelerados en nuestra bienestar. “Estamos ante un desafío de global governance ”, afirmó, señalando que las instituciones siguen operando por sectores, lo que impide una respuesta ágil ante peligros que surgen en múltiples frentes al mismo tiempo.
La pandemia de covid no fue solo un shock sanitario, sino una prueba de fuego que expuso debilidades estructurales en los sistemas de vigilancia y respuesta. Falta de coordinación internacional, retrasos en la detección temprana y respuestas desincronizadas multiplicaron los health impacts y costos económicos en todo el mundo. Ahora, la meta es cerrar esas brechas antes de que la próxima crisis se desborde.
El enfoque One Health propone integrar políticas públicas, ciencia y acción territorial para detectar amenazas antes de que se conviertan en emergencias. Entre los riesgos más urgentes están las enfermedades zoonotic —que saltan de animales a humanos— y la resistencia antimicrobiana, una amenaza silenciosa que ya pone en riesgo tratamientos esenciales como cirugías y quimioterapias.
Pero no todo viene de los microorganismos. Factores como la deforestación, la pérdida de biodiversidad, la urban expansion descontrolada y la movilidad global están acelerando la aparición de nuevos patógenos. Cada tala ilegal, cada frontera agrícola que avanza sobre selvas, cada red de transporte internacional, actúa como un acelerador silencioso de riesgo sanitario.
Y no es solo cuestión de salvar vidas: prevenir tiene un gran beneficio económico. Evitar una pandemia cuesta una fracción de lo que cuesta enfrentarla. Los organizadores recalcan que fortalecer la integrated epidemiological surveillance —que combine datos humanos, animales y ambientales— es clave, junto con mejorar la capacidad de respuesta a nivel local.
Para lograrlo, necesitan más que buenos planes: necesitan financiamiento sostenido. En paralelo al evento científico, se llevó a cabo un economic forum para impulsar alianzas entre empresas, instituciones y científicos. También hubo un diálogo con bancos públicos de desarrollo para diseñar mecanismos de inversión a largo plazo en prevención y resiliencia.
La cumbre no solo reúne a gobiernos y expertos, sino también a sociedad civil, jóvenes investigadores y territorial authorities . Talleres abiertos al público en Lyon mostraron cómo esta interdependencia afecta al día a día. Las conclusiones apuntan a recomendaciones concretas: mayor anticipación, cooperación real y una gobernanza que ya no se divida por ministerios, sino que actúe como un todo. Como dejaron claro en la sesión de alto nivel: la prevención coordinada y multisectorial no es una opción. Es una condición indispensable para sobrevivir al siglo XXI.
Lo que más me molesta es que ya sabemos todo esto desde hace años, y seguimos actuando como si cada crisis fuera aislada. ¿Cuántas pandemias más necesitamos para cambiar el sistema?
La resistance to antibiotics resistencia a los antibióticos es una bomba de tiempo. En mi consultorio ya he tenido que derivar pacientes por infecciones que no puedo tratar. Esto no es futuro, es presente.
El enfoque One Health suena bien, pero sin financiamiento real y policy integration integración de políticas, es solo otra declaración bonita en un congreso. ¿Dónde están los compromisos vinculantes?
Me alegra que hablen de capacidad local. En zonas rurales, muchas veces somos los primeros en ver cambios en la animal health salud animal o el ambiente, pero nadie nos escucha hasta que ya es una emergencia.
La vigilancia integrada ya funciona en algunos países pioneros. En Escandinavia combinan datos de wildlife vida silvestre, ganado y brotes humanos en tiempo real. No es ciencia ficción, es factible.
¿Y los ciudades?. Con toda la expansión desmedida, vivimos más cerca de hábitats naturales alterados y sin planificación. Eso no lo arreglan con vacunas, se arregla con urban planning planeamiento urbano serio.
Participo en el encuentro de jóvenes aquí en Lyon. Estamos cansados de que nos digan que el futuro es nuestro si nunca nos dan poder de decisión en estos temas. Queremos action acción, no solo diálogo.
Cada vez que mencionan la deforestación como factor de riesgo sanitario, pienso en los indigenous communities pueblos indígenas. Ellos llevan décadas advirtiendo sobre este desequilibrio. Tal vez deberíamos empezar a escucharlos de verdad.